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"apropiado", un respeto
absoluto tanto por lo más underground como
por lo mainstream y, por último, lo que
yo llamo el factor "educativo" del dj; aquel entusiasmo
que lleva a un dj a inmediatamente compartir (o
debería decir "enseñar") algo que
acaba de "descubrir". Entonces debía tener
16 ó 17 años, pero la originalidad
de su propuesta y la seguridad que destilaba me
hacían prever que este chico me acabaría
abiriendo de orejas en más de una ocasión.
Le seguí la pista, por el Mond
Club, por el The
Loft y en otros innumerables bolos,
y descubrí en sus sesiones a buena parte
de los grupos que he escuchado estos últimos
4 años. Últimamente pasea entre
el Northern Soul, el elektro, el punk o el R'n'b
con la naturalidad de la que sólo son capaces
quienes tienen mucha amplitud de miras y muy pocos
prejuicios. Nada de popurrí, en sus sesiones
nada carece de sentido; una línea de bajo
de un tema de Trevor Horn se puede fundir con
una melodía vocal de algún grupo
punk y no sólo se mantienen la coherencia,
sino que ambas adquieren una dimensión
distinta. Sus sesiones son ya un acontecimiento
en toda regla, eso sí, siempre de lo más
inclasificable. Nunca esperes de él una
sesión de pop, o una sesión de techno;
sus dedos acarician cualquier género, fundiéndolo
en un todo compacto, pero de composición
bien heterogénea. Lúdico, universal,
alarmante y desmitificador, casi se podría
hablar ya de un sonido Buenavista. Aunque, claro,
eso sería ponerle una etiqueta, y créanme,
lo suyo es inetiquetable.
Por Lucas
Arraut
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